Se rompen las luces, en la fragilidad, de las mañanas frías.
Baldosas mojadas, casas distantes, ventanas pequeñas.
Despego mis pestañas para ver al mundo.
Estoy cansada, y no quiero estarlo.
Vuelvo a hundirme en el mundo de los sueños,
para poder, allí, tomar una bicicleta e irme.
Donde el aire me empuje, donde el camino me lleve.
Vuelvo a hundirme. Entre sueños.
Estoy dormida, y mi voz no quiere despertarse.
¿Será que la perdí? Silencio duerme a mi voz.

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